domingo, 29 de septiembre de 2013

Un mundo desbocado.

“El mundo tiene prisa, y se acerca a su fin ” La humanidad está viviendo un cambio de era, marcado por el fenómeno de la globalización. Pasamos de la sociedad industrial a la sociedad de la información, del conocimiento, con rapidez y profundidad desconocidas en anteriores cambios históricos. La revolución tecnológica, incluida la biotecnología y, particularmente, la información, es el factor desencadenante de este proceso histórico. Con la globalización de la información, de la economía, del comercio y de los movimientos de capital, se abren espacios de oportunidad completamente nuevos, que permiten iniciativas transformadoras de dimensiones extraordinarias, como muestra la incorporación de nuevos países y regiones al desarrollo y los avances científicos en materia de medicina o en la producción alimentaria. Hasta hoy, sin embargo, los efectos más llamativos son los lacerantes incrementos de la desigualdad en todas las sociedades nacionales y entre las distintas zonas del mundo. "La globalización genera riesgos para todas las sociedades, pero el mayor es que los países emergentes o atrasados caigan presa del fundamentalismo y renuncien a liberalizar y democratizar sus instituciones, empezando por la familia, para integrarse en una sociedad global dinámica y pletórica de oportunidades." Las familias se preocupan cada día más por integrarse a la globalización de la mejor manera, por reducir la brecha (digital, económica, cultural…), se busca estar a la moda y contar con los últimos adelantos tecnológicos, para no quedarse atrás y también para no sentirse excluidos. Mas toda esta explosión y afán por tener las cosas y recibir lo que la globalización principalmente a través de los medios de comunicación va presentando, muchas veces hace que las familias se olviden de algo esencial: Aprender a utilizar lo que la globalización ofrece. Se busca contar con todo y estar a la vanguardia, hacer lo que otros hacen, incluso olvidando las propias raíces, la propia cultura y la propia historia; confundiendo la inculturación con la transculturación. Ante este proceso inaplazable de la globalización que en sus postulados es positiva, en la práctica muchas veces se ocultan procesos de degradación en donde la importancia la tienen los objetos y el poder unos pocos, olvidándose del actor principal de la globalización: La persona.

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